domingo, 27 de febrero de 2011

Poesía para empezar el día




Poema A Federico García Lorca
de Rafael Alberti



Sal tú, bebiendo campos y ciudades,
en largo ciervo de agua convertido,
hacia el mar de las albas claridades,
del martín-pescador mecido nido;

que yo saldré a esperarte, amortecido,
hecho junco, a las altas soledades,
herido por el aire y requerido
por tu voz, sola entre las tempestades.

Deja que escriba, débil junco frío,
mi nombre en esas aguas corredoras,
que el viento llama, solitario, río.

Disuelto ya en tu nieve el nombre mío,
vuélvete a tus montañas trepadoras,
ciervo de espuma, rey del monterío.

1 comentario:

  1. Poemas de Rafael Alberti: leerse volando

    “El ángel ángel”

    Y el mar fue y le dio un nombre
    y un apellido el viento
    y las nubes un cuerpo
    y un alma el fuego.
    La tierra, nada.
    Ese reino movible,
    colgado de las águilas,
    no la conoce.
    Nunca escribió su sombra
    la figura de un hombre.

    “El ángel del misterio”

    Un sueño sin faroles y una humedad de olvidos,
    pisados por un nombre y una sombra.
    No sé si por un nombre o muchos nombres,
    si por una sombra o muchas sombras.
    Reveládmelo.
    Sé que habitan los pozos frías voces,
    que son de un solo cuerpo o muchos cuerpos,
    de un alma sola o muchas almas.
    No sé.
    Decídmelo.
    Que un caballo sin nadie va estampando a su amazona antigua por los muros.
    Que en las almenas grita, muerto, alguien
    que yo toqué, dormido, en un espejo,
    que yo, mudo, le dije...
    No sé.
    Explicádmelo.

    Hace falta estar ciego...

    Hace falta estar ciego,
    tener como metidas en los ojos raspaduras de vidrio,
    cal viva,
    arena hirviendo,
    para no ver la luz que salta en nuestros actos,
    que ilumina por dentro nuestra lengua,
    nuestra diaria palabra.
    Hace falta querer morir sin estela de gloria y alegría,
    sin participación de los himnos futuros,
    sin recuerdo en los hombres que juzguen el pasado sombrío de la tierra.
    Hace falta querer ya en vida ser pasado,
    obstáculo sangriento,
    cosa muerta,
    seco olvido.

    El ángel bueno

    Un año, ya dormido,
    alguien que no esperaba
    se paró en mi ventana.

    ¡Levántate! Y mis ojos
    vieron plumas y espadas.

    Atrás montes y mares,
    nubes, picos y alas,
    los ocasos, las albas.

    ‹¡Mírala ahí! Su sueño,
    pendiente de la nada.

    ¡Oh anhelo, fijo mármol,
    fija luz, fijas aguas
    movibles de mi alma!

    Alguien dijo: ¡Levántate!
    Y me encontré en tu estancia.


    El ángel de los números

    Vírgenes con escuadras
    y compases, velando
    las celestes pizarras.
    Y el ángel de los números,
    pensativo, volando del 1 al 2, del 2
    al 3, del 3 al 4.
    Tizas frías y esponjas
    rayaban y borraban
    la luz de los espacios.
    Ni sol, luna, ni estrellas,
    ni el repentino verde
    del rayo y el relámpago,
    ni el aire. Sólo nieblas.
    Vírgenes sin escuadras,
    sin compases, llorando.
    Y en las muertas pizarras
    el ángel de los números,
    sin vida, amortajado
    sobre el 1 y el 2,
    sobre el 3, sobre el 4...

    El ángel desconocido

    ¡Nostalgia de los arcángeles!
    Yo era...
    Miradme.
    Vestido como en el mundo,
    ya no se me ven las alas.
    Nadie sabe como fui.
    No me conocen.
    Por las calles, ¿quién se acuerda?
    Zapatos son mis sandalias.
    Mi túnica, pantalones
    y chaqueta inglesa.
    Dime quién soy.
    Y, sin embargo, yo era...
    Miradme.

    El ángel superviviente

    Acordáos.
    La nieve traía gotas de lacre, de plomo derretido
    y disimulos de niña que ha dado muerte a un cisne.
    Una mano enguantada, la dispersión de la luz y el lento asesinato.
    La derrota del cielo, un amigo.
    Acordáos de aquel día, acordáos
    y no olvidéis que la sorpresa paralizó el pulso y el color de los astros.
    En el frío, murieron dos fantasmas.
    Por un ave, tres anillos de oro
    fueron hallados y enterrados en la escarcha.
    La última voz del hombre ensangrentó el viento.
    Todos los ángeles perdieron la vida.
    Menos uno, herido, alicortado.

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